Tasa Tobin. Finanzas.com

TRANSACCIONES FINANCIERAS
Esther García López

El proyecto de aplicar la tasa Tobin se remonta a 2011 cuando Durao Barroso, entonces presidente de la Comisión Europea, propuso crearla y Francia y Alemania le secundaron. Ahora diez países: Bélgica, España, Grecia, Francia, Italia, Austria, Portugal, Eslovenia, Eslovaquia y Alemania, continúan con el proyecto de aplicar un impuesto sobre las transacciones financieras para acabar con los especuladores. Han pasado cuatro años y su aplicación no se concreta. Estaba prevista para enero de 2016, pero en la última reunión mantenida por el Ecofin la semana pasada, los ministros de Finanzas han vuelto a posponerla, esta vez hasta 2017, pero nadie asegura que sea la fecha definitiva.

Los expertos achacan este retraso a varias causas. La primera es que los políticos de los diez países implicados temen que si la tasa no se adopta globalmente puede originar una deslocalización de las transacciones. A juicio de María Dolores Ortega, portavoz de la Asociación Española de Asesores Fiscales y Gestores Tributarios, (Asefiget), «los países que apliquen el impuesto de transacciones financieras podrán verse perjudicados al deslocalizarse esas inversiones hacia otros países que no tengan este impuesto».

Pablo García Estévez, profesor del Área Financiera del Colegio Universitario de Estudios Financieros (Cunef) es más tajante. Para él el problema es que los países promotores de la tasa Tobin «ya no creen en ella, no se atreven a aplicarla y, por ello, la están retrasando. Al final tendremos algo que no se parecerá a la tasa Tobin y que será ineficaz desde un punto de vista económico. Eso sí, les permitirá venderlo a su electorado como una iniciativa para gravar la especulación».

Otro de los impedimentos para que entre en vigor la tasa es la presión realizada por los lobbys financieros. «Estos tienen mucho poder en España y en Europa y no quieren que se adopte esta medida. Los países promotores se han encontrado con la oposición del Reino Unido, porque el mercado de la City no acepta este impuesto y su peso y el de las empresas que están ubicadas allí es muy grande, por ello la aplicación de la tasa ha perdido fuelle», asegura José María Mollinedo, secretario general de Gestha.

Otra causa del retraso la apunta Victoria Torre, responsable de Desarrollo de Contenidos, Productos y Servicios de Self Bank, para quien una de las consecuencias de la tasa Tobin sería la reducción de la liquidez en el mercado. «Las transacciones financieras se reducirían y, por tanto, la liquidez de los valores que se negocian en los mercados». Añade que al haber menor liquidez, muchos agentes que operan en el corto plazo saldrían del mercado, provocando descensos en los valores de los activos que venden. Recuerda que en otros mercados donde se implementaron tasas de este tipo se apreció una caída de la negociación, como ocurrió en Suecia.

Impuestos sí, pero menos

Los problemas que puede generar la tasa han hecho que los políticos pierdan entusiasmo respecto a su aplicación y han ido reduciendo su potencial fiscal. Al principio, proponían que la tasa afectara a todos los activos financieros, y más tarde su objetivo se redujo a la compraventa de acciones y productos derivados. Además, España y Alemania han propuesto modificaciones que mermarían la cantidad recaudada.

El Gobierno español no quiere que el impuesto afecte a la inversión en derivados de deuda pública, y junto a Alemania, Bélgica, Portugal, Estonia y Eslovaquia no quiere que se vean afectados los fondos de pensiones ni las aseguradoras. Según José María Mollinedo, España con este impuesto podría recaudar unos 4.500 millones de euros.

Acabar con la especulación

Por ahora, las principales perjudicadas con este gravamen serían las operaciones intradía, tanto en acciones como en divisas, asegura Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas. «Las grandes operaciones son las que se verán más afectadas, junto a las operaciones especulativas donde la masa de dinero se mueve rápidamente». Como los traders intradía y los inversores que realizan muchas operaciones diarias de muy poca duración conocidos como ‘scalpers’.

Y es que uno de los objetivos que se habían propuesto lograr con la tasa era disuadir de la especulación, pero no se logrará este fin. «No se va a frenar la especulación», señala García Estévez, porque «el mercado ha demostrado tener una gran imaginación para encontrar alternativas a las inversiones gravadas por impuestos».

Victoria Torre no se muestra tan tajante, cree que si disuade o no a los especuladores dependerá de cómo se implante la tasa, del tipo impositivo, del tipo de transacciones sobre el que se aplica cada gravamen y de los plazos entre operaciones de compra y venta que se consideren como no especulativas y que permitirían la exención o reducción de este tipo de tasas. «Adecuadamente aplicada, sí podría ahuyentar a un buen número de especuladores y quitar cierta volatilidad a los mercados financieros, aportando estabilidad sobre ellos y sobre la economía real. Pero la realidad en otros casos análogos es que la tasa termina por recaer en los inversores, lo que provocaría un incremento en los costes para estos. Lo que podría traducirse en una menor inversión en los valores afectados por la tasa y en una distorsión si los inversores buscan alternativas para operar en otros instrumentos exentos del recargo».

O todos o ninguno

Ahora se plantea la duda de si la tasa Tobin se implantará o no en 2017. Una manera de impulsarla sería, a juicio de los expertos, que más países se comprometieran a adoptarla.

«Su implantación requiere un acuerdo y una coordinación de todos aquellos países que forman el mercado abierto de capitales y cuyas economías están basadas en el libre comercio. No tendría sentido que solo unos cuantos lo apliquen de forma unilateral, ya que para los agentes financieros bastaría con cambiar el mercado de operación para evitar esta tasa», señala Victoria Torre.

Si finalmente se aplica «será una versión descafeinada» de la idea original, añade Torre, que «contente» a los movimientos políticos y sociales que reclaman mayor contención de la actividad financiera más especulativa sin poner freno, a la vez, a la libre circulación de capitales. También sería posible, en su opinión, que se aplicara una tasa mayor en función de la complejidad del producto financiero o de su carácter especulativo.

Por el momento, ‘los diez’ esperan que se sumen más países a la aplicación de la tasa para que no se produzcan «agravios comparativos» entre los que la adoptan y los que no, asegura Antonio Pedraza. «Se trata de un tema complejo en el que la pregunta que hay que hacerse es ¿qué países le ponen primero el cascabel al gato de la especulación?».

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